Aprendizaje formal e informal

En una ocasión leí esto de una usuaria de twitter de la que aporto una captura de imagen. Permitidme que la deje en el anonimato.

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Me llamaron la atención varias cosas. En primer lugar el peligroso argumento que nos devuelve a tiempos más oscuros en los que en la escuela se enseñaba costura. En segundo lugar , que se tenga la concepción de que en trece años no ha adquirido ninguna habilidad real y por último, la facilidad con la que asumimos su planteamiento como real ; no hay más que ver los retuits y favoritos que tienen ambos mensajes. Le respondí hablándole del aprendizaje formal e informal, pero no tuve ni respuesta, ni interacción, por lo que asumí que sí que sabía de lo que le hablaba y cómo le podía desmontar su argumentación.

Que a la escuela se viene a aprender conocimientos y que la educación, entendida como normas de convivencia, cortesía y urbanidad, es cosa de la familia, es una premisa tan falsa como que en casa no se pueden enseñar contenidos curriculares. Esto no significa que se haya de dominar el temario, estudiarlo y sustituir el papel del maestro, sino que no se ha de dejar de lado el que se denomina como educación informal, y que no es más que la adquisición de conocimientos, destrezas e incluso valores morales, fuera de lo que sería el enyor o académico.

En ocasiones, los profesores nos encontramos con alumnos que parece que hayan olvidado conocimientos que a nosotros nos parecen lógicos, básicos y fundamentales. Pongo el caso real de un alumno que con 12 o 13 años no sabe cómo es una gallina, dandi por seguro ante un problema de ecuaciones matemáticas, que tiene cuatro patas. Esa persona se habrá encontrado muchas veces a lo largo de su vida con la mencionada ave: peluches, canciones infantiles, dibujos, fotografías en los propios libros de texto, visitas a granjas escuela, etc. Pero realmente para el niño, la gallina no es objeto de interés. No es habitual en su vida y el contacto es tan esporádico que, aunque la mayoría de los niños saben cómo es, alguno hay, como este, que se confunde. Puede parecer una exageración, pero solo hace falta pensar en la cantidad de conceptos, ideas, ejemplos que pasan por delante de los ojos de un niño, que a nosotros nos pueden parecer más que evidentes, simplemente porque tenemos un recorrido vital más largo. Los niños no sólo aprenden conceptos, sino estrategias para aprender, para inferir nuevos conocimientos a partir de los que tienen, y el sistema educativo (ni el nuestro ni ninguno) no es capaz de conseguir que un concepto quede por primera vez asentado en la mente del niño por siempre jamás.

Aquí entra en juego el aprendizaje informal, la consolidación en la vida real de conocimientos que aporta la escuela y que tienen claro reflejo en el entorno real, y los que no aporta la escuela, como coser un botón, arreglar el coche o colgar un cuadro (veo excesivo la construcción de una casa). ¿Cómo ayudar a nuestros hijos en este marco? Ahí van unas cuantas ideas:

  • No se trata de convertir el aprendizaje informal en formal. No es sustituir la escuela, dar un discurso teórico o plantear ejercicios a nuestros hijos sobre un tema. No hace falta sacar la wikipedia y leer la entrada “gallina” cada vez que se tiene oportunidad de ver una. Se trata de pararse a verla (nosotros también), de mostrar interés, pues de alguna manera les estamos prestando atención a ellos y les dedicamos tiempo. Eso es suficiente para atraer a nuestros hijos hacia el objeto en cuestión, a que lo vean y sientan curiosidad.
  • Es posible que nuestros hijos aprendan al mismo tiempo que nosotros. ¿Conocéis el chiste de “- Papá, ¿dónde están los Pirineos? – Pregúntale a tu madre que lo guarda todo?”. Pues hay que intentar no desviar el tema cuando no somos capaces de dar respuesta. Los niños, tarde o temprano, descubren que sus padres no son infalibles, que no lo saben todo. Sentarse con ellos a investigar un tema o resolver una duda les hace ver que no hay que tener miedo a la ignorancia, que peor es no saber. Con esta actitud les enseñamos también a no tener miedo a preguntar en clase, les eliminamos la sensación que tienen algunos a hacer el ridículo a la hora de plantear cuestiones en el aula.
  • Tenemos que hacerlos partícipes de nuestras actividades. Por atareados que estemos, aunque tengamos la sensación de que van a interferir y que van a ralentizar nuestra tarea.
  • Hablaba antes de una tarea simple como colgar un cuadro. ¿Imagináis que una actividad complementaria de la escuela fuera ir a la ferretería a comprar una broca de pared, que no de madera ni de metal, del 5, con su correspondiente taco para pladur, para después volver al colegio,acoplarla al taladro, perforar la pared, atornillar la alcayata y que el cuadro quede a la altura deseada y nivelado? Pues evidentemente no. Durante los últimos años ha habido muchos aprendizajes que se han ido delegando en la escuela. Los temarios han ido creciendo y se le ha ido quitando responsabilidad a la familia para depositarla en el colegio. Bajo mi punto de vista, ese paternalismo del estado tiene una doble cara peligrosa, primero porque quizás el profesor  tenga que decidir entre ese contenido cedido y otro, y apueste por el otro. Segundo, por la eliminación de responsabilidades en el seno de la familia, que cada vez deposita más parcela educativa en la escuela. Podéis imaginar además que ocurre cuando el pensamiento de la escuela y la familia chocan.
  • Y relacionada con la anterior, tenemos que cederles responsabilidades a los niños, aunque el resultado no vaya a ser el deseado, aunque pueda costar un pequeño estropicio. La habilidad y la perfección se adquiere con la práctica. No te preocupes por que la cama no haya quedado bien lisa, porque te toque tapar el agujero en la pared para volver a hacer otro donde toca, porque te traiga de la tienda yogures sabor kiwi a punto de caducar en lugar del natural, porque haya pensado que el kiwi es natural. Devuelve una sonrisa para darle confianza, explícale como hacerlo mejor y confía en él la próxima vez.
  • Hay que cederles autonomía, dejar que tomen decisiones a la hora de abordar una tarea, incluso si pensamos que se equivocan o que el resultado no será el adecuado. Hay que dejar que vean cual es el resultado de sus acciones, no temer el fracaso, no evitarlo, porque forma parte de la vida.

En definitiva, se trata de pasar tiempo con nuestros hijos, enseñándoles a observar su entorno, animándoles a experimentar, aprender junto a ellos, a que sientan curiosidad. En definitiva,  a darles confianza para que tengan capacidad de intentar, equivocarse, rectificar, hacerlo bien o fracasar. Enseñarles a aprender y a ser seres autónomos.

Este artículo nunca tendrá la difusión que los tweets de arriba, pero me sentiré satisfecho si ayuda a alguien a abrir los ojos y a hacer de sus hijos ciudadanos más sabios y competentes.

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