La tortuga y la liebre

La mayoría de las experiencias e innovaciones educativas que el profesorado presenta en el aula son fruto del trabajo fuera de ella. Bien sea por originalidad o imitación, las nuevas técnicas o actividades requieren de una meticulosa preparación y programación, i si no es así, se cuenta con bastantes boletos para que la experiencia acabe en un desastroso fracaso.

Sin embargo, hay ocasiones en que en el propio transcurso de la clase al profesor le viene una idea a la cabeza que le sirve para ilustrar una explicación, para ejercitar un concepto o en definitiva para apoyo a la comprensión. En este caso es en el que me encontré el otro día, cuando tuve que explicar a mis alumnos de física y química de 2º de ESO la diferencia entre velocidad media y velocidad instantánea. Una vez presentados los conceptos tal y como aparecen en el libro, aproximadamente, me vino a la cabeza una fábula que le encanta a mi hija, la de la liebre y la tortuga.

Primero sondeé quien conocía la fábula, y aunque todos levantaron la mano, sospeché que algunos recordaban el título, pero no la historia y mucho menos la moraleja. Así pues, lo primero que hicimos fue recuperar un texto corto (ni la de Esopo, ni la de La Fontaine, ni la de Samaniego) ágil de leer pero con la suficiente complejidad como para que nos permitiera trabajar vocabulario y comprensión lectora. Posteriormente debatimos sobre quien había sido más rápido y en qué términos, y nos vimos en la necesidad de distinguir entre ambos tipos de velocidades. La discusión pretendió desarrollar el sentido crítico del alumnado al mostrar que ambos animales habían sido los más rápidos, y hacerles ver la ambigüedad y relatividad con la que los adultos nos manejamos, empleando unos términos u otros según nos sea conveniente para nuestros intereses. Además, como no, se trabajó brevemente con la moraleja de la fábula, campo mucho más trillado por ellos.

Ya veis, no es que se trate de una gran experiencia ni de una gran idea revolucionaria, pero a veces las cosas más simples dan una gran satisfacción.

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